Se llevó a cabo la tradicional en la ceremonia de conmemoración del 164° aniversario de la muerte del General don José de San Martín. A las 14:45 se hizo un minuto de silencio para recordar al Padre de la Patria en su paso a la inmortalidad. El acto se llevó a cabo en el Parque sobre el río Paraná.
Después de la entonación del Himno Nacional, ante abanderados y escoltas, se hicieron los honores con la disposición de ofrendas florales.
A la hora de los disursos el vicepresidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana de San Nicolás, Suboficial Mayor (RE) Luis Eduardo Montangie se refirió a la memoria del Gral. Don José de San Martín.
Hoy se cumplen 164 años del aquel infausto 17 de agosto, fecha en que a la edad de 72 años, expiraba, lejos de su tierra amada y sin más compañía que su familia y un puñado de amigos, el Padre de la Patria, el Gral. Don Jose de San Martin.
Como es costumbre, la nación toda se engalana para conmemorarlo… tanto en nuestro territorio, como en aquellos rincones americanos que supieron de su hidalguía y porque no allende los mares donde la historia militar universal lo reconoce como el más grande estratega, organizador y conductor… el más preclaro hombre público que nos haya dado la América del sur.
Nacido en Yapeyú, a orillas del rio Uruguay, hijo de padres españoles, a muy temprana edad ingresó al Colegio de Nobles de Madrid y más tarde, como cadete forjó su temple y espíritu en el regimiento de Murcia, adquiriendo una formación profesional que lo distinguiría en diversas circunstancias, en su bautismo de fuego contra los moros en Oran y Melilla, contra los ingleses luchando a bordo de la Santa Dorotea, contra los portugueses y, particularmente contra las tropas napoleónicas en 1808 en la Batalla de Bailén, donde por su actuación lo ascendieron a teniente coronel de caballería con todos los honores.
Todo ello no es más que anecdótico y nos refleja la idea de una aquilatada formación militar y una frondosa hoja de servicios bajo el pabellón español, todo ello allá en Europa.
Pero lo que nos conmueve e induce hoy, como a través de todos estos 164 años al realizar este homenaje, es rescatar al hombre de carne y hueso.
· A ese hombre que atendiendo el llamado de su patria desangrada por el yugo español, renuncia a todos los honores para revelarse al orden constituido y poner su espada al servicio de la libertad americana.
· A ese hombre tan inconmovible para partir una cabeza con su sable si fuera necesario, como generoso, respetuoso y humano con sus adversarios aun derrotados.
· A ese hombre que entendía que los honores y reconocimientos de la función pública resultaban impúdicos para el que ejercía el poder, porque entendía que el poder era servicio. Tan así fue la línea de su pensamiento que prefirió envainar su sable y enmudecer hasta el exilio luego de la “Noche de Guayaquil”.
· A ese hombre que sin lugar a dudas constituye una fuente inagotable de enseñanzas, de virtudes, de renunciamientos y de ejemplos.
· A ese patriota verdadero militante de la libertad.
· A ese que detrás de sus ropas de paisano y cansado y enfermo, cometía la patriada de armar un ejército con retazos de tela, con un rejunte de víveres y con pertrechos miserables, escondía al verdadero pensador, casi un filósofo del patriotismo.
Es a ese hombre al que rescato en este homenaje, a ese modelo de patriota, a esa fuente en la que todos los argentinos debiéramos abrevar más frecuentemente para ser dignos herederos de la patria que él soñó.
Pero vale la pena preguntarnos… Dónde está San Martín?
A la luz de la Argentina actual, preocupada y temerosa por las incesantes pretensiones foráneas, que siembran descreimiento y agudizan el descontento de la sociedad, su figura y su ejemplo no aparecen en primer plano, como se pregonó que debía ocurrir a lo largo de la historia argentina. Aunque para ser sincero, en los albores de nuestra argentinidad, la mezquindad de algunos intereses similares con el acompañamiento de compatriotas poco honestos intentó opacar el brillo de su gloria…
Cuando han pasado 164 años de su paso a la inmortalidad, San Martín está más vigente que nunca y aun espera de nosotros un gesto.
Si el hombre común, pudiera expresar su más íntimo sentir, creo que pediría que el único y verdadero homenaje a San Martín se tradujera en la conducta honesta e insospechable de los gobernantes y gobernados, evitando vilipendios de unos a otros, agravios inconducentes, esgrimiendo argumentos que nos dañan como hermanos y generan enemistades que quizás duren por siempre, tornando intransitable el camino hacia la grandeza de la patria,
Eso no es lo que San Martín hubiese querido….sino todo lo contrario… nos exige el cumplimiento estricto y compartido de nuestras obligaciones tanto en la austeridad como en los momentos de mayor esplendor, a todos por igual, con responsabilidad. Viviendo una patria que exige estar unidos para enfrentar las diversas vicisitudes, porque como escribió José Hernández, "si entre hermanos se pelean, los devoran los de afuera".
Si en algún lado anida, en este momento, la herencia de San Martín, es en el esfuerzo silencioso de esa mayoría del país que cada día, convencida de los valores de la democracia, no proclama, sino que trabaja incansablemente como lo hicieron nuestros abuelos, como lo hicieron nuestros padres y como lo hacen a diario muchos compatriotas para lograr el sustento diario, sin dejar de ejercer, por ello, la defensa de nuestra dignidad, de nuestra soberanía, de nuestra autodeterminación, es decir, de nuestra libertad.
Conciudadanos… No busquemos a San Martín sólo en el bronce y en la prosa, no está solamente ahí o en la mera mención retórica de un acto patriótico para cumplir con el calendario y nada más…
Está en cada uno de nosotros… en nuestras miradas… en cada una de nuestras acciones… en cada una de nuestras manifestaciones…
Está en el aula, junto a nuestros niños y jóvenes como modelo de forja ciudadana….
Está en nuestros puestos de trabajo marcándonos el camino del esfuerzo digno, honesto y honrado…
Está en cada uno de nuestros gobernantes, sin distinción de signos políticos, acompañando las gestiones de todos y cada uno a través de la ejemplaridad su prolífera obra pública, toda vez que su vida constituye, desde todas las aristas, el ejemplo más acabado del patriota, del ciudadano, del estadista y también del hombre simple y sencillo.
Está junto a nosotros, acompañando a nuestros soldados de tierra, mar y aire, marcándoles las consignas irrenunciables a través de su ejemplo e infundiéndoles valor y coraje…
Está aquí, junto a nosotros, semblanteándonos y escudriñando los actos públicos y privados de todos los argentinos
Es por ello, que en esta ocasión resulta un imperativo renovar nuestro compromiso, desde el lugar que ocupemos en la sociedad, de ser protagonistas de la historia atesorando la convicción irrenunciable de contribuir con nuestro trabajo diario a la grandeza de nuestro pueblo, con hombres pacíficos, trabajadores, en un estado libre y soberano, que no es otra cosa que lo soñado por el libertador.
Al hacerlo, le decimos que aquí estamos no sólo para rendirle nuestro homenaje como hijos agradecidos al Padre de la Patria, sino para decirle que estamos dispuestos a asumir el desafío, que aceptamos el convite que les hizo a los cuyanos en 1816, cuando les dijo "Tengo 130 sables arrumbados en el cuartel de granaderos por falta de brazos valientes que los empuñen…el que ame la patria y a su honor que venga a tomarlos…"
Aquí están, mi general, estos brazos nicoleños listos a empuñar, no sé si esos sables granaderos, pero sí las herramientas necesarias que nos permitan el trabajo fecundo para defender y consolidar la democracia lograda, para defender y consolidar la paz interior, amparando bajo nuestros símbolos patrios a todos los argentinos sin excepción, acompañando a tantos hombres y mujeres de nuestra patria, ciudadanos de bien que día a día hacen ingentes esfuerzos para engrandecer a nuestra Nación.
Mi general, no tenga dudas, más temprano que tarde, así habremos de hacerlo….
Mi General descanse en paz.