Padre Matías Pérez

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20 - 07 - 2020


Entre trigo y cizaña


A menudo solemos escuchar o preguntarnos, ¿porqué si existe Dios hay tantas cosas que nos hacen sufrir o son injustas?

Algunos saben como responder ante esta inquietud, pero otros no, y aducen la presencia del mal y sus consecuencias a una “debilitación” del poder de Dios, o que “no sería tan poderoso y bueno” como dicen, pues no permitiría ciertas cosas en este mundo.

Jesús da una respuesta a esta inquietante cuestión, cuando le habla a los suyos, les cuenta la parábola del campo, el trigo y la cizaña y les advierte, para que no caigan en falsas ilusiones o desconfianzas.

Los previene de la gran desilusión que suelen tener ciertas personas “creyentes” en Dios, frente a los acontecimientos y aquí resumo algunas expresiones que escucho a menudo:
-“Si creo en Dios, profeso la Fe y voy a Misa y rezo, no entiendo como esto puede sucederme”.

-“Si Dios es tan bueno y poderoso, como puede permitir que haya muerto “tal o cual”, siendo que tenía una vida por delante”.

-“En el mundo hay tantas injusticias, que realmente dudo de Dios y su existencia que deja que tanta gente mala ande por ahí sin problemas”.

Estas, y varias afirmaciones más, he escuchado y escucho a diario, recibo como mensajes en publicaciones o cuestionamientos públicos de diferentes personas en distintos medios.

Y en sus preguntas o afirmaciones, ya comienzo a vislumbrar la aproximación a la respuesta: PERMITIR. Allí reside bastante de la cuestión, pues Dios permite la presencia del mal en este mundo, como el dueño del campo permitió que en las sombras de la noche el enemigo siembre la cizaña, siendo que ya había sido sembrado el buen trigo por los trabajadores, que con el entusiasmo del bien la habían esparcido.

Jesús redobla la apuesta, y no sólo les enseña que el dueño del campo (el creador=Dios) dejó que el enemigo pise el campo y siembre lo suyo, sino que además permitirá que el trigo y la cizaña crezcan juntos.

Podría haber sido un trabajo minucioso que el dueño podría haber encargado a sus trabajadores, el de sacar cada cizaña que asomara en el campo, pero sin embargo, permite, reitero y afirmo, permite, que crezcan juntas hasta la cosecha.

Entonces, aquí estoy, en esta ventana de la vida viéndola pasar entre trigo y cizaña. Entre estas se descubre y discurre la vida misma, entre dolores y gozos, adversidades y prosperidad, fortalezas y fragilidades, errores y aciertos, pecados y pureza, luces y sombras, muertes y vida.

Muchas veces nos preguntamos sobre esta cuestión, y mas aún cuando la semilla del mal parece estar degenerada de tal modo, que los horrores son cada vez más inéditos y lastimosos a este mundo. Pareciera que hay una creatividad maligna y ruidosa ensañada con enrostrarnos cuanto de perverso podemos llegar a ser.

Pero hay una fuerza silenciosa como el campo mas solitario en un atardecer hermoso, de esos que regala el creador, que nos devuelven la calma y la esperanza, nunca perdida, y que nos vuelve al eje que nos lleva a constatar que en este mundo nos encontraremos con todo lo esperable, pero también más. De allí que no vivimos de la ilusión de un mundo que “debería ser como lo pienso”, sino que es lo que es, porque es lo que somos.

Y en ese PERMITIR DIVINO, no hallaremos entonces debilidad celestial o poderío en decadencia de un Dios aparentemente muerto para muchos, sino la amorosa creación que nos ha abrazado y configurado de tal manera que nos lanza al mundo, como la semilla en el campo, para que hagamos lo que realmente se nos de la gana, sabiendo que convivimos en un mismo terreno, sabiendo que no daremos el mismo fruto, y que el final no será el mismo, pues la cizaña será juntada en manojos y quemada al fuego, y el trigo, juntado en el granero, a la espera de dar mas fruto, aún cuando ya ha sido cosechado, pues le aguarda una espera ansiosa por desplegar su riqueza y bondad.

¿De que se trata entonces?

Se trata de asumir que somos libres, transitando la vida entre trigo y cizaña, y decidiendo a cada momento de que manera queremos vivir. Nos convertimos en lo que consumimos, nos transformamos en lo que deseamos o en lo que mas tarde aborrecemos. Sea como sea, la decisión esta en vos y en mi… Vivir libremente haciéndonos cargo de lo que somos o dejamos de ser.

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