Este 9 de abril la comunidad médica argentina celebra el Día de la Cardiología, una fecha instaurada en homenaje a la creación de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) en 1937. Más allá de la efeméride, la jornada funciona como un recordatorio vital: la enfermedad cardiovascular sigue siendo una de las principales causas de muerte, pero también una de las más prevenibles mediante el control médico periódico y hábitos de vida saludables.
Tradicionalmente, se asociaba al cardiólogo con la urgencia o la cirugía. Sin embargo, el rol moderno de este profesional en todo el país ha virado hacia la prevención primaria. El diagnóstico temprano permite identificar anomalías antes de que se conviertan en eventos críticos como infartos o accidentes cerebrovasculares (ACV).
Desde la SAC reafirman que el compromiso actual no solo está en la tecnología de alta complejidad, sino en la educación del paciente. La intervención temprana marca una diferencia sustancial en la calidad de vida a largo plazo, permitiendo que las personas mantengan una vida activa y plena.
Uno de los mayores desafíos para la salud pública es la hiperlipidemia (niveles elevados de colesterol y triglicéridos). Al no presentar síntomas evidentes, muchos pacientes desconocen su condición hasta que sufren un evento grave.
El control del colesterol LDL, conocido popularmente como “colesterol malo”, es fundamental. La evidencia científica es contundente: reducir el colesterol LDL en al menos 1 mmol/L (aproximadamente 38 mg/dL) puede disminuir entre un 20% y un 25% el riesgo de eventos cardiovasculares mayores. El abordaje actual combina estrategias farmacológicas modernas con un pilar innegociable: el cambio de hábitos.
Para cuidar la salud vascular, los especialistas sugieren seguir una hoja de ruta clara:
Fuente: El Litoral