14 junio, 2026

He venido para que tengan vida | “Los enemigos del cristiano”
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“Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión porque estaban fatigados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: ‘La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha’. Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.”. Palabra del Señor.

El cansancio:

En el Evangelio de este domingo Jesús tiene compasión de la multitud que ve cansada y abatida, entonces llama a los apóstoles para apacentarla. Hay un cansancio psicológico y físico que es la fatiga que sentimos luego de un día de trabajo; descansamos en la noche y al otro día estamos listos para volver a emprender las tareas habituales; ese cansancio es normal y se soluciona con el descanso cotidiano. Hay otro cansancio más profundo, el cansancio moral, se trata del abatimiento que siente una persona que está cansada de luchar por la vida sin obtener resultados evidentes; es el cansancio de un docente que, no obstante los esfuerzos no logra que sus alumnos aprendan porque están bloqueados por problemas de pobreza, de violencia o de orfandad; es el cansancio de quien es esclavo del alcohol o la droga y no logra salir de la situación no obstante haberlo intentado en repetidas ocasiones; es el cansancio de quien busca trabajo y no lo encuentra no obstante haber presentado sus capacitaciones y después de haber golpeado muchas puertas; es el cansancio de quien ha tenido que emigrar de manera forzosa de su país, pierde la esperanzas de volver y no le es fácil integrarse en otro porque no es bien recibido; en fin, es el cansancio de quien ya no le ve sentido a la lucha por la vida, a sus búsquedas e intentos y está a punto de claudicar. No es difícil relacionar la alta taza de suicidios en nuestro país y en Latinoamérica con este cansancio moral.

Jesús se percibe la situación, se compadece, se solidariza con ella y por eso llama a los discípulos y les da poder para curar no sólo las enfermedades físicas, sino las dolencias y los cansancios del alma, de modo que los que se sienten abatidos recobren las fuerzas, vean un horizonte y no pierdan la esperanza.

La oración por la Patria refleja esta situación de muchos argentinos, por eso, como una pequeña ayuda fraterna para esos hermanos, podemos rezarla para que todos sean integrados en una vida digna y no pierdan la esperanza.

“Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tu nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice. ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.

Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo. Monseñor Hugo Santiago.

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