En la mañana del martes, Radio Net entrevistó al Dr. Carlos Prado, médico especialista en cardiología de la Clínica de Diagnóstico San Nicolás.
La prevención cardiovascular constituye actualmente el eje central de la práctica cardiológica ambulatoria, desplazando progresivamente el paradigma tradicional centrado en el tratamiento de la enfermedad establecida hacia un modelo proactivo basado en la identificación temprana del riesgo y la intervención precoz.
Tanto la Sociedad Argentina de Cardiología como la Federación Argentina de Cardiología, en concordancia con las recomendaciones de la American Heart Association, coinciden en que la prevención debe abordarse de manera integral, continua y personalizada, considerando al paciente en su totalidad y no únicamente en función de factores aislados.
El concepto central que atraviesa las guías actuales es la estratificación del riesgo cardiovascular global, entendida como la probabilidad de que un individuo desarrolle eventos cardiovasculares mayores a mediano y largo plazo.
Este enfoque implica integrar múltiples variables —edad, sexo, presión arterial, perfil lipídico, diabetes, tabaquismo, entre otros— en lugar de analizar cada factor de riesgo de manera independiente.
En este sentido, se promueve el uso de calculadoras de riesgo validadas y, en casos seleccionados, herramientas adicionales como el score de calcio coronario para refinar la estimación, especialmente en pacientes de riesgo intermedio donde la decisión terapéutica no es evidente.
Las guías enfatizan que la prevención cardiovascular debe iniciarse con modificaciones intensivas del estilo de vida, consideradas la base de cualquier estrategia terapéutica. Esto incluye la adopción de una alimentación saludable, la reducción del sedentarismo, el control del peso corporal y la suspensión del tabaquismo.
Sin embargo, a diferencia de enfoques previos más conservadores, las recomendaciones actuales reconocen que en un número significativo de pacientes estas intervenciones deben complementarse tempranamente con tratamiento farmacológico, especialmente cuando el riesgo cardiovascular global es elevado.
En relación con el manejo lipídico, existe un claro consenso en priorizar la reducción del colesterol LDL como objetivo terapéutico principal.
Las guías de la Sociedad Argentina de Cardiología y la American Heart Association recomiendan estrategias intensivas en pacientes de alto y muy alto riesgo, incluyendo el uso de estatinas de alta potencia y, cuando es necesario, la combinación con otros fármacos hipolipemiantes.
Se destaca el concepto de que “cuanto más bajo el LDL, mejor”, siempre dentro de un marco de seguridad y adecuación clínica.