18 mayo, 2026

He venido para que tengan vida: “La Ascensión del Señor”
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Por Obispo Monseñor Hugo Santiago

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt. 28,16-20)

“Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él, sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: ‘Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” Palabra del Señor.

“Estaré siempre con ustedes”

Cuando celebramos la Resurrección del Señor en la fiesta de Pascua, el texto bíblico nos presentaba a María Magdalena que va al sepulcro y reconoce a Jesús Resucitado cuando éste la llama por su nombre, y entonces ella se postra y se abraza a sus pies. Por otra parte, Jesús le dice: “déjame, porque todavía no he subido al Padre”. En el Evangelio de este domingo, Jesús nos dice: “yo estaré siempre con ustedes”.  Aquí aparece la diferencia entre el Jesús histórico, que vivió entre nosotros y el Jesús Resucitado que entra en esa nueva realidad o dimensión que está más allá de esta historia y llamamos “cielo”, y por otro lado nos dice: “yo estaré siempre con ustedes”. ¿Cómo se explica esto? Los que vivimos en esta vida, tenemos un movimiento local, es decir, cuando nos vamos de un lugar, ya no estamos allí, porque estamos en otro lugar. Con Jesús Resucitado no sucede así; Él ya no se va, está presente como Dios en todos lados; por eso cuando rezamos, no hablamos solos, sino que Él nos escucha; y como decíamos el domingo pasado, está dentro de nuestro corazón de bautizados por su Espíritu Santo, nos ilumina y nos anima a seguir sus pasos, a vivir como Él vivió.

La “cancelación” de Dios

Todo occidente vivió por siglos según los valores cristianos que brotan de la persona de Jesús, hoy esos valores están dejando de ser cultura, es decir, no son el formato de la familia, de la educación, de la salud, del trabajo, del Estado y de la ley. Hemos desplazado a Dios de nuestro estilo de vida, lo hemos “cancelado”. Por eso desde esta nueva elección de vivir sin referencia a los valores cristianos nos podemos hacer unas cuantas preguntas: ¿nos está yendo bien? ¿No ha aumentado la disolución familiar? ¿con la disolución familiar no han aumentado los adolescentes huérfanos que buscan contención en la droga y el alcohol? ¿la droga y el alcohol no son los condimentos de una sociedad violenta? ¿Dónde están los valores de bien común y de amor social que animaron a tantos próceres y dirigentes desde los cuales construyeron nuestro país? En la actualidad ¿no ha prevalecido el egoísmo hasta el enriquecimiento ilícito? ¿la prevalencia de los intereses personales y sectoriales no son la causa de la generación de una sociedad injusta con gente sin trabajo, pobres e indigentes? ¿el aborto y la eutanasia no son la expresión de una cultura de muerte creada por hombres que ha perdido la esperanza? Si bien tenemos que respetar e integrar a todas las personas sin discriminar a nadie, la ideología de género ¿no es una colonización ideológica que elimina las diferencias y la complementariedad entre el varón y la mujer y por eso – como decía el Papa Francisco – es tremendamente dañosa para la construcción social, más si se impone por ley y se enseña en nuestras escuelas manipulando a nuestros niños desde su más temprana edad? Argentina era uno de los países que mejor educación tenía, ¿por qué hoy tenemos una educación claramente deficiente donde los valores del estudio y del esfuerzo han disminuido y se promueve a los alumnos, aunque no hayan aprendido?  Al haber cancelado a Dios ¿no nos quedamos sin referencias éticas y por eso, al no tener criterios éticos comunes nuestro mundo va a la deriva?

Una civilización nueva

“Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” les dice Jesús a los apóstoles. La ascensión del Señor no es para que los discípulos y nosotros nos quedemos “mirando al cielo”, sino que es “tarea”, “vocación”, “misión”, “responsabilidad”, es para que todos, movidos por el Espíritu Santo, vivamos según los valores que brotan de la persona de Jesús y podamos crear una civilización del amor con parejas estables y familias unidas generadoras de hijos psicológicamente sanos y contenidos; con una educación en valores que los promueva desarrollando su inteligencia y responsabilidad; con dirigentes que descubran que el poder es una oportunidad de servicio, que el amor social apasiona y evita que los intereses personales prevalezcan;  que trabajar por la justicia y el bien común hace felices y genera la paz social. Por eso Jesús se quedó con nosotros para siempre y, a la vez, con su Ascensión nos muestra la meta trascendente y feliz que motiva nuestro trabajo, nuestra entrega y sacrificio. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

 

 

 

 

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