
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) “La revuelta”, realizó un taller abierto de prevención del suicidio, pensado como un espacio de información, reflexión e intercambio en torno a una problemática compleja que atraviesa a toda la sociedad.
La actividad se desarrolló en el salón comunitario de barrio Suizo (Rojas y Chiclana), con entrada libre y gratuita. Fue abierto a toda la comunidad y estuvo a cargo de Pamela Lozano, psicóloga, Ruth Mendieta, trabajadora social, y Erika Martínez, psicóloga social y co-coordinadora del dispositivo, junto a estudiantes avanzados de la carrera de Trabajo Social.
“Durante el encuentro trabajamos especialmente sobre algunos de los mitos que todavía circulan alrededor del suicidio. Entre ellos, la idea de que una persona que tiene familia, trabajo, proyectos o determinadas condiciones de vida “no tendría motivos” para atravesar una situación de sufrimiento que pueda implicar riesgo suicida. Cuestionar estas representaciones permite comprender que el sufrimiento no siempre es visible y que no existen condiciones externas que, por sí solas, permitan determinar cómo se encuentra una persona”.
“También se puso en discusión el modo en que, como sociedad, nos vinculamos con el sufrimiento de los demás: la importancia de aprender a escuchar sin juzgar, evitar etiquetas e interpretaciones apresuradas y no invalidar aquello que otra persona está atravesando.El taller permitió además trabajar sobre la identificación de posibles signos de alerta y, fundamentalmente, sobre qué podemos hacer frente a ellos: cómo acercarnos, escuchar, acompañar y favorecer el acceso a espacios de atención y a redes de apoyo.
“Uno de los aspectos que surgió espontáneamente durante el intercambio fue la importancia de la posvención, a partir del relato de una persona participante que había atravesado la pérdida de un conocido por suicidio. Esto permitió abrir un espacio para hablar de las preguntas y sentimientos que pueden aparecer después de una pérdida de estas características, particularmente la culpa y la sensación de “no haberlo visto” o “no haber podido hacer algo”.
“En este sentido, se trabajó sobre la necesidad de desplazar la idea de una responsabilidad individual sobre la vida de otra persona. Acompañar, escuchar y estar disponibles son acciones fundamentales, pero nadie puede ser considerado responsable individualmente de prevenir una conducta suicida. Se trata de una problemática compleja, que requiere intervenciones específicas en el plano individual, pero que al mismo tiempo no puede pensarse únicamente desde allí: también es un problema social y comunitario”.
“La posvención permitió, además, recuperar algo fundamental: cuando ocurre un suicidio, no desaparece solamente una persona, sino que queda una red de familiares, amistades, compañeros y seres queridos atravesando una pérdida abrupta que también necesita ser acompañada y elaborada. Dar lugar a esos duelos forma parte de una perspectiva integral de prevención”.
“El encuentro reafirmó la importancia de continuar generando espacios comunitarios de información, escucha y reflexión. Hablar sobre suicidio de manera responsable, sin mitos, estigmas ni simplificaciones, también es una forma de construir herramientas colectivas para la prevención”.