El 3 de octubre de 1226 murió en Asís, Italia, Giovanni di Pietro Bernardone, conocido por la tradición cristiana como San Francisco de Asís. Ocho siglos después, su historia sigue asociada con una elección radical: dejar atrás los bienes familiares y dedicar su vida a la pobreza, la fraternidad y la fe.
Fundador de la orden franciscana, Francisco se convirtió en una referencia que excede el ámbito religioso. Su prédica de sencillez, paz y respeto por toda forma de vida lo volvió un símbolo de empatía y cuidado del entorno. El papa Juan Pablo II lo nombró patrono de la ecología, y también es considerado protector de los animales.
Quienes atraviesan conflictos personales o familiares suelen encomendarse a San Francisco de Asís para encontrar calma y responder sin violencia. La conocida Oración de la Paz resume ese anhelo: “Señor, hazme un instrumento de tu paz”. Sus palabras proponen elegir el amor frente al odio y el perdón ante la injuria, incluso en momentos de tensión.
Otra intención habitual es pedir por los animales y la naturaleza. Los fieles pueden confiarle la salud de una mascota, su recuperación si se perdió o, simplemente, su bienestar. Esa devoción se relaciona con la mirada de Francisco sobre las criaturas, a las que consideraba parte de una misma creación y llamaba “hermanos”.
Su ejemplo de austeridad también lleva a muchas personas a pedir fortaleza cuando falta el trabajo o el dinero no alcanza. La oración puede ser una forma de buscar serenidad para atravesar una crisis económica con dignidad, distinguir lo necesario de lo superfluo y sostener la esperanza mientras se intenta salir adelante.