En Argentina, el Día de la Madre se celebra cada tercer domingo de octubre. Aunque suele asociarse con compras y reuniones familiares, la fecha tiene raíces mucho más antiguas que cualquier estrategia comercial. Su recorrido reúne referencias de la mitología griega, la tradición cristiana y una historia estadounidense ligada a la reconciliación.
La jornada también cambió en la manera de agasajar. Los regalos vinculados con tareas domésticas fueron perdiendo protagonismo frente a propuestas para compartir. Ese giro acompaña una revisión de los roles tradicionales: homenajear a una madre ya no implica asociarla exclusivamente con el trabajo del hogar.
A su vez, se transformó la idea de maternidad. Existen familias ensambladas, monoparentales y homoparentales que muestran realidades diversas. Esa variedad invita a pensar el reconocimiento más allá de un único modelo familiar. En algunos ámbitos se planteó reemplazar el Día de la Madre por una jornada dedicada a la familia. Sin embargo, la propuesta abre una discusión, al buscar una celebración más amplia, podría diluirse el homenaje específico a las madres y a las tareas de cuidado.
Mucho antes de las fechas modernas, en la antigua Grecia se rendía culto a Rea, diosa protectora. Con los siglos, el cristianismo otorgó a esa veneración otro marco y colocó a la Virgen María en el centro. En la Argentina, la fecha quedó asociada a la festividad de la Maternidad de la Virgen del 11 de octubre, estableciendo luego el tercer domingo para el festejo.
En Estados Unidos la celebración quedó fijada en mayo tras el impulso de Anna Jarvis y la oficialización en 1914 por Woodrow Wilson. La historia del Día de la Madre reúne motivos distintos, creencias, religión y esfuerzos por recomponer vínculos.
Fuente: La 100