20 julio, 2026

He venido para que tengan vida: “El trigo y la cizaña”
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Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt 13, 24-30)

“Jesús propuso a la gente esta parábola: ‘El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él? Él les respondió: Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ ‘No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.” Palabra del Señor.

El trigo y la cizaña están dentro de cada uno

La semilla y la cizaña son el bien y el mal. A veces estamos tentados, erróneamente de dividir a las personas entre buenas y malas. El error está en pasar de lo particular a lo general: por un defecto que vemos, caratulamos a la persona de “mala”, sin tener en cuenta que también es capaz de gestos buenos. En realidad, el bien y el mal están mezclados en cada uno de nosotros y somos nosotros quienes tenemos que ir renunciando a nuestros pensamientos, sentimientos y gestos malos, para hacer crecer los proyectos y las actitudes buenas que, por gracia de Dios, también brotan de lo más profundo de nuestro corazón. Todos somos así. La única excepción es la Virgen Santa, que fue concebida sin pecado original, y Jesús, que es el Hijo de Dios y, en esta tierra compartió todo con nosotros, menos el pecado. Por lo tanto, cada uno debe trabajar en sí mismo para admitir con paciencia que no somos íntegros, aunque con la gracia de Dios podemos llegar a serlo. Es más, de personas que han cometido gravísimos errores en la vida, pueden surgir gestos de sublime bondad. Nunca me olvidaré que en una visita que hicimos con un grupo de sacerdotes al Penal de “San Martín”, en Córdoba, el Capellán nos distribuyó en pabellones y cada uno de nosotros entraba en una celda, compartiendo con el preso que nos invitaba a pasar un rato con él. Me recibió un interno que me dio a entender que tenía una condena pesada porque había cometido un delito muy grave. Sin embargo, para mi sorpresa y admiración, también me compartió que se había decidido a aprender “braille” para poder comunicarse con personas ciegas, con las cuales se escribía. El nivel de amor que suponía su gesto bueno me conmovió profundamente y también me cuestionó; ese día me fui del Penal preguntándome si yo era capaz como esta persona privada de la libertad de darme cuenta quienes eran las personas más carenciadas y de hacer un gesto de esa magnitud. Suele ocurrir en las circunstancias duras, en las pruebas de la vida, cuando estamos sufriendo, que lo bueno que hay en nosotros “sale a la luz”, se manifiesta más claramente.

De “cancelar” a ponderar y unir

Hoy se utiliza mucho la “cizaña de cancelar”. La Iglesia es consciente que esta técnica comunicacional se la aplican en temas morales en los cuales una parte de la sociedad y un poder económico mundial que está preocupado por el aumento demográfico, disiente con esas propuestas. Por ejemplo, cuando la Iglesia dice, que el aborto y la eutanasia -que, junto con la ideología de género mitigan el aumento demográfico-, no son lícitos moralmente, porque constituyen un delito emparentado con el homicidio, la técnica comunicacional es silenciar, no publicar. En cambio, cuando algún religioso comete un error o delito, se lo aplican a toda la Iglesia y lo publican en todos los medios posibles. Lo mismo pasa hoy con las campañas políticas de los diversos partidos; la técnica confrontativa es no publicar lo bueno del otro, cancelarlo, silenciarlo, y en cambio, invertir todo el dinero del mundo para difamar. La cizaña, entonces, es cancelar lo bueno y aumentar con mentira lo malo. Si bien es justo denunciar la injusticia, no hay que pasar de lo particular a lo general: si una persona mata, es mentira decir que todos matan. Si nos cancelamos los unos a los otros movidos por intereses mezquinos, seguiremos siendo un pobre país, una sociedad confrontativa que no crece porque se aniquila a sí misma. En cambio, sembrar la buena semilla es reconocer lo bueno siempre, aunque venga de “otro bando” y trabajar como cuerpo social. En otras palabras, sólo si ponderamos y unimos todos los recursos humanos y económicos que tenemos los argentinos, aplicándolo al bien de todos, estaremos sembrando la buena semilla y creceremos con esperanza. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

 

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