15 mayo, 2026

He venido para que tengan vida: “La felicidad es estar con los que amamos”
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Por Obispo Monseñor Hugo Santiago

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Jn 14, 1-12)

“Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se inquieten. Crean en Dios y cran también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar donde voy’. Tomás le dijo: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo vamos a conocer el camino?’ Jesús le respondió: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto’. Felipe le dijo: ‘Señor; muéstranos al Padre y eso nos basta’. Jesús le respondió: ‘Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: ‘Muéstranos al Padre? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme; Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre”. Palabra del Señor.

¿Ir al cielo?

La resurrección de Jesús, que, según la fe cristiana, anticipa nuestra resurrección, rubrica las palabras que dijo en la última cena: “me voy a prepararles un lugar, para que donde yo esté estén también ustedes”. Queremos estar con los que amamos. Por eso, que Jesús quiera llevarnos donde Él está como Resucitado es signo de que nos ama y quiere compartirnos su felicidad. Lo que ocurre, es que nosotros no tenemos experiencia de lo que llamamos “cielo”, que es el lugar donde “va” Jesús; amamos la vida, esta vida, para llegar al cielo tenemos que pasar por la muerte, y eso no lo queremos, por eso, al final, no nos importa mucho el cielo, o “la vida más allá”.

El camino

Jesús dice en el texto evangélico: “yo soy el camino, la verdad y la vida”. En este caso el camino es una persona con su estilo de vida, un modelo, un ejemplo. ¡¡Hay tantos estilos de vida que se nos proponen como camino de felicidad y sin embargo nos llevan al vacío y a la soledad, a la fragmentación comunitaria!!: “pasarla bien”, “acumular”, “tener poder”, en fin, todas propuestas egoístas que, al final, nos dejan solos. La realización que nos propone Jesús es paradójica: “el que pierda su vida la encontrará”. El que sale de sí, piensa y sirve a los demás, movido por el amor, se encuentra a sí mismo, descubre su nobleza y su vocación. En efecto, nuestra vocación es la comunicación y el encuentro, la empatía y la compasión, eso nos hace grandes, nos saca de la soledad, provoca el encuentro y nos da felicidad. Así fue Jesús. Ese estilo prepara desde esta vida un cielo nuevo y una tierra nueva, de la que gozaremos plenamente más allá de esta vida, pero se construye desde aquí.

Cielo y sentido del humor

Hay un chiste que muestra nuestro estado de ánimo cuando nos hablan del cielo. A Juan y a Pedro les gustaba mucho el futbol; entonces se preguntaban: “¿en el cielo, habrá futbol?, de lo contrario va a ser muy aburrido estar ahí”. Hicieron, entonces, un pacto: Juan le dijo a Pedro: “el que se muera primero le avisa al otro si en el cielo hay futbol”. Se murió Pedro, pasó el tiempo, y una noche en la cual Juan estaba durmiendo, escucha una voz que le dice: “Juancito, no te asustes, soy yo, Pedro, vengo a darte dos buenas noticias: la primera es que en el cielo hay futbol, y la segunda es que te pusimos en el arco el próximo domingo.” Obviamente, Juan habrá tenido todo tipo de sentimientos encontrados, no obstante Pedro estaba entusiasmado porque, al final, su amigo compartiría su alegría y el deporte que los dos amaban en esta vida. Algo así ocurre con esta Buena Noticia que nos da Jesús: “me voy a prepararles un lugar, para que donde Yo esté, estén también ustedes”, nos ilusiona estar con Jesús y los que amamos compartiendo la alegría del cielo, pero no nos causa tanta ilusión porque no tenemos experiencia de cómo será.

El razonamiento de San Agustín

  San Agustín -que además de santo fue un genio por su inteligencia y su pasión-, respecto del cielo razonaba de esta manera: “Lo que sabemos con certeza es que queremos la felicidad plena y estable, sin mezcla de muerte, de partidas y de abandonos; el cielo será la felicidad plena. Por eso, confiando en las promesas de Jesús, que es la Verdad y no nos miente, san Agustín decía: respecto de la realidad del cielo tenemos una “docta ignorancia”: sabemos que será felicidad plena, pero no sabemos de que manera se dará esa felicidad. La otra cosa que podemos decir, es que cuando decimos “Vida”, con mayúscula, nos referimos a encuentro y relación con otra persona a la que amamos, “vida” significa algo así como un abrazo eterno, un abrazo del alma. Dios es relación de personas en el amor; por eso podemos decir que el cielo será encuentro de personas en el amor. Como Jesús nos quiere y porque queremos estar con las personas que amamos, nos dice en el Evangelio de este domingo: “Quiero que donde yo esté, estén también ustedes. Para eso tenemos que tomarlo como camino. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

 

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